La sigla LGBTIQ+ es universalmente reconocida hoy como el estandarte de la diversidad de orientaciones sexuales, identidades de género, expresiones de género y características sexuales. Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué la “L” de lesbianas encabeza esta secuencia? La respuesta no es alfabética, sino profundamente histórica y simbólica, un gesto de justicia y memoria hacia una comunidad que se mantuvo firme cuando otros dieron la espalda.
La Crisis del SIDA: Un Punto de Inflexión
Antes de la década de los 80, la sigla que se utilizaba con mayor frecuencia era GLBT (Gay, Lesbiana, Bisexual, Transgénero). Sin embargo, la llegada de la crisis del VIH/SIDA transformó radicalmente la dinámica dentro de la comunidad y la percepción externa. En un contexto de pánico generalizado, donde gobiernos, hospitales, e incluso muchas familias, abandonaban a los hombres gay afectados por el virus, fue un grupo inesperado quien se puso al frente de la batalla: las lesbianas.
En esos años de incertidumbre y estigma, las mujeres lesbianas demostraron una solidaridad inquebrantable. Crearon redes de cuidado vitales, acompañaron incansablemente a los enfermos en los hospitales, ofrecieron apoyo emocional crucial y, en muchos casos, organizaron cuidados paliativos en sus propias casas, asumiendo una responsabilidad que nadie más quería.
Un ejemplo emblemático de esta resiliencia y compromiso fueron las “Blood Sisters”. Este grupo de mujeres lesbianas en San Diego comenzó a donar sangre de forma regular desde 1983, en un momento crítico en que los hombres gay fueron excluidos de las campañas de donación por el miedo al contagio del VIH. Su invaluable aporte ayudó a sostener las transfusiones vitales que salvaron innumerables vidas en plena crisis.
Cuidado y Militancia: Un Doble Frente de Lucha
Más allá del cuidado directo, las lesbianas también se involucraron activamente en la militancia política. Participaron en organizaciones clave como ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power), una agrupación activista dedicada a la lucha directa por la vida y contra la inacción gubernamental. Desde allí, exigieron incansablemente que las mujeres fueran incluidas en las definiciones médicas y en la investigación sobre el SIDA, y lucharon por la asignación de fondos y el acceso a tratamientos que fueran asequibles y disponibles para toda la comunidad afectada.
La “L” al Frente: Un Acto de Justicia Simbólica
Con el paso del tiempo y la reflexión sobre aquellos años oscuros, la comunidad LGBTIQ+ tomó una decisión consciente: poner la “L” al frente de la sigla. Esta determinación no fue una cuestión de orden alfabético arbitrario, sino un profundo gesto de reparación y memoria.
Es un reconocimiento explícito a una historia de valentía y sacrificio. Porque fueron ellas quienes estuvieron, cuidaron y lucharon cuando nadie más lo hacía, demostrando una resiliencia y un compromiso ejemplares. Poner la “L” primero es reconocer su aporte silencioso, su presencia constante y su lucha incansable dentro de un colectivo que, como cualquier otro, también puede reproducir desigualdades internas. Es un recordatorio permanente de la solidaridad, el apoyo mutuo y la importancia de visibilizar todas las contribuciones a la causa de la igualdad y la justicia.
Fuente: Somos OHLALÁ

















