Para muchas de nosotras, la búsqueda de la espiritualidad y la fe es una parte fundamental de la vida. Sin embargo, cuando esa búsqueda se cruza con la identidad trans, el camino puede estar lleno de desafíos y dolor. En la República Dominicana, la experiencia de las personas trans en el contexto religioso no siempre ha sido positiva, lo que nos obliga a navegar entre la necesidad de conexión espiritual y la defensa de nuestra autenticidad.
Los Desafíos de la Fe en el Contexto Dominicano
La realidad es que muchas de nuestras hermanas trans han enfrentado presiones intensas en congregaciones religiosas tradicionales. Con la promesa de una salvación o una “cura”, algunas iglesias han promovido la idea de que la identidad de género es una enfermedad que puede ser sanada. Lamentablemente, esto ha llevado a muchas mujeres trans a intentar la destransición, un proceso que a menudo resulta en un profundo sufrimiento emocional y un choque con su yo interior.
Es un ciclo agotador: algunas han intentado este camino varias veces, alejándose de la iglesia para volver a transicionar y afirmarse, para luego, en ocasiones, intentar reconciliarse con la fé en un espacio que las invalida. Otras, sin embargo, permanecen congregadas, mostrando solo un cambio en su expresión de género, pero sin que se conozca si su identidad ha cambiado verdaderamente. Este aparente sacrificio de la autenticidad revela el inmenso peso que la presión social y religiosa ejerce sobre nuestras vidas.
Un Faro de Esperanza: Los Espacios de Fe Inclusivos
A pesar de estas experiencias dolorosas, la fe no es el problema; el problema es la intolerancia. Afortunadamente, han surgido en el país intentos de crear espacios de fe inclusivos, como la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) y Servidores de Dios LGBT. Estas congregaciones demostraron que es posible reconciliar la espiritualidad con la diversidad, creando santuarios donde la identidad de género de una persona no es juzgada, sino celebrada como una creación divina. Estos espacios inclusivos fueron vitales, ya que ofrecieron a las personas trans un lugar donde nutrir su espíritu sin tener que sacrificar su identidad, lamentablemente estos espacios desaparecieron con el tiempo y en la actualidad no se cuenta con espacios inclusivos donde nuestras compañeras trans puedan practicar su fe sin ser cuestionadas por su identidad y expresión de género.
La Lucha por la Inclusión en un Contexto Global
A nivel internacional, la lucha por la inclusión religiosa de las personas trans es un campo de batalla. En muchas denominaciones, se nos ha obligado a elegir entre nuestra identidad y nuestra espiritualidad. Esta presión se manifiesta a través de las llamadas “terapias de conversión”, que buscan “curar” lo que no es una enfermedad, o en la exigencia de la destransición como condición para ser aceptadas. Estas prácticas, condenadas por la comunidad médica y de derechos humanos, no solo causan un daño psicológico profundo, sino que también nos obligan a esconder nuestra verdadera esencia.
Desde TRANSSA, creemos que la fe no debe ser un arma para invalidar la identidad de nadie. Celebramos a aquellas iglesias y líderes de fe que han elegido el camino del amor incondicional y la aceptación, creando refugios donde nuestra comunidad puede ser ella misma sin miedo.
Para aquellas congregaciones que aún promueven el rechazo y la “cura”, hacemos un llamado a la reflexión. La verdadera fe se basa en el amor, no en la discriminación. Les instamos a abrir sus corazones y sus puertas, a escuchar las historias de quienes han sido lastimadas y a reconocer que la dignidad humana es un derecho fundamental que trasciende cualquier dogma. La fe debe sanar, no herir.

















